Mi perro no quiere comer: causas y soluciones

Descubre por qué tu perro rechaza la comida y qué hacer. Guía completa con las causas más comunes de inapetencia canina y soluciones prácticas.

Perro mirando su comedero lleno sin querer comer

Si tu perro no quiere comer, las causas más frecuentes son el calor, el estrés, problemas dentales, un cambio de pienso o una enfermedad subyacente. Si lleva más de 24-48 horas sin comer y muestra letargia, vómitos o diarrea, acude al veterinario.

Llegas a casa, le pones el comedero y tu perro lo mira, lo olfatea y se va. O directamente ni se acerca. Si esto te ha pasado, sabes lo angustiante que resulta ver que tu perro no quiere comer. Es una de las preocupaciones más frecuentes entre los dueños de perros y, aunque en la mayoría de casos tiene una explicación sencilla, a veces puede ser señal de algo que requiere atención veterinaria. En nuestras más de 100 comparativas de productos para mascotas, hemos visto que la alimentación es el tema que más dudas genera, y la inapetencia está siempre entre las principales.

La inapetencia canina (el término técnico es anorexia o hiporexia) puede deberse a decenas de factores. Algunos son tan banales como que hace mucho calor o que le has dado demasiados premios por la mañana. Otros pueden indicar un problema de salud subyacente que conviene abordar cuanto antes. La clave está en saber distinguir unos de otros.

En esta guía vamos a repasar las 7 causas más frecuentes por las que un perro deja de comer, cómo identificar cada una y, sobre todo, qué hacer en cada situación para que tu compañero vuelva a comer con normalidad. También puede resultarte útil nuestra guía de alimentación para perros, donde cubrimos los fundamentos de una dieta equilibrada.

¿Cuándo preocuparse?

Antes de entrar en las causas específicas, es importante tener claro cuándo la falta de apetito es una señal de alarma y cuándo forma parte del comportamiento normal de un perro.

No te preocupes si:

  • Tu perro se salta una comida pero al rato come con normalidad
  • Rechaza el pienso pero acepta premios o comida húmeda (puede ser que simplemente prefiere otra cosa)
  • Acaba de hacer mucho ejercicio o ha tenido un día muy activo
  • La temperatura es alta y reduce su ingesta general
  • Su comportamiento, energía y aspecto son completamente normales

Presta atención si:

  • Lleva más de 24 horas sin probar bocado (12 horas en cachorros)
  • Rechaza absolutamente todo, incluso sus premios favoritos
  • Muestra otros síntomas: vómitos, diarrea, letargia, temblores
  • Ha perdido peso de forma visible en los últimos días
  • Tiene las encías pálidas, secas o amarillentas
  • Bebe mucha más agua de lo habitual o, al contrario, tampoco bebe
  • Muestra signos de dolor: se encoge, gime, no quiere que le toques

Un perro adulto sano puede estar sin comer 24-48 horas sin que suponga un riesgo para su salud. Pero esto no significa que debas esperar tanto antes de actuar. Si tu perro rechaza dos comidas consecutivas y notas cualquier cambio en su comportamiento, lo sensato es consultar con tu veterinario.

Los cachorros menores de 6 meses y los perros de raza pequeña (menos de 5 kg) tienen menos reservas energéticas y son más vulnerables a la hipoglucemia, por lo que no deberían pasar más de 12 horas sin comer.

Las 7 causas más frecuentes por las que un perro deja de comer

1. Problemas de salud

Es la causa que más preocupa a los dueños, y con razón. La pérdida de apetito es uno de los primeros síntomas que aparecen cuando un perro tiene algún problema de salud, desde algo leve hasta algo serio.

Problemas dentales y bucales

Imagina intentar comer con dolor de muelas. Los perros sufren problemas dentales con mucha más frecuencia de lo que pensamos: según estudios veterinarios, más del 80% de los perros mayores de 3 años tienen algún grado de enfermedad periodontal. Si tu perro se acerca al comedero con interés pero se retira al intentar masticar, o come muy despacio, o inclina la cabeza al comer, es muy probable que le duelan los dientes o las encías.

Los problemas bucales más comunes incluyen sarro acumulado, gingivitis, dientes fracturados, abscesos dentales y tumores orales. La prevención es clave: un buen cepillo de dientes para perros usado de forma regular puede evitar muchos de estos problemas.

Problemas digestivos

Gastritis, gastroenteritis, obstrucciones intestinales (por haber tragado algo que no debía), pancreatitis, parásitos intestinales… El aparato digestivo es una de las causas más habituales de inapetencia. Si además de no comer tiene vómitos, diarrea, gases excesivos o el abdomen hinchado y tenso, el origen probablemente es digestivo. Conviene recordar que hay alimentos prohibidos para perros que pueden causar problemas gastrointestinales serios si los ingieren.

Dolor

Un perro con dolor, ya sea articular, muscular o interno, puede dejar de comer. El dolor crónico (artrosis, displasia de cadera) suele reducir el apetito de forma gradual, mientras que el dolor agudo (una lesión, un golpe) puede hacer que el perro rechace la comida de un día para otro. Observa si tu perro tiene dificultad para agacharse al comedero; en ese caso, un comedero elevado puede ayudarle a comer con más comodidad.

Infecciones y enfermedades sistémicas

Infecciones bacterianas, víricas (como el parvovirus o el moquillo), problemas hepáticos, renales, diabetes, hipotiroidismo, enfermedad de Addison, cáncer… Hay muchas enfermedades que incluyen la pérdida de apetito entre sus síntomas. Por eso es tan importante que, si la inapetencia se prolonga o viene acompañada de otros signos, tu veterinario realice un examen completo con analítica de sangre.

2. Estrés y ansiedad

Los perros son animales de costumbres. Cualquier cambio significativo en su entorno o rutina puede afectar a su apetito de forma notable. No es que estén enfermos: están procesando una situación que les genera inseguridad.

Situaciones que causan estrés alimentario:

  • Mudanzas: cambiar de casa es uno de los factores de estrés más potentes para un perro. Todo huele diferente, los espacios son distintos, los ruidos han cambiado. Es completamente normal que un perro no coma bien durante los primeros 2-5 días tras una mudanza.
  • Cambios en la familia: la llegada de un bebé, una nueva pareja, la marcha de un miembro de la familia, o incluso un cambio de horarios laborales que altere la rutina del perro.
  • Nueva mascota en casa: la presencia de otro animal puede generar inseguridad, especialmente si el perro siente que su territorio o sus recursos (incluido el comedero) están amenazados. Si acabas de introducir otro animal en el hogar, te puede interesar nuestra guía sobre cómo presentar un perro y un gato.
  • Ruidos fuertes: tormentas, petardos, obras cercanas. Muchos perros dejan de comer durante episodios de ruido intenso.
  • Soledad prolongada: los perros que pasan muchas horas solos pueden desarrollar ansiedad por separación, que a menudo se manifiesta como pérdida de apetito (entre otros síntomas como ladridos excesivos o comportamiento destructivo).

La buena noticia es que el estrés alimentario suele ser temporal. Una vez que el perro se adapta a la nueva situación, el apetito vuelve de forma natural. Mientras tanto, puedes ayudarle manteniendo los horarios de comida lo más estables posible y ofreciéndole un espacio tranquilo donde comer sin presión.

3. El pienso no le gusta o está en mal estado

A veces la explicación es la más simple: al perro no le gusta lo que le estás dando. O le gustaba, pero ya no.

El pienso puede estar en mal estado. Las grasas del pienso se oxidan con el tiempo, especialmente si el saco lleva mucho tiempo abierto o se almacena en un lugar caluroso y húmedo. Un pienso rancio huele diferente (los perros lo detectan antes que nosotros) y sabe peor. Revisa siempre la fecha de caducidad y, una vez abierto, consume el saco en un plazo de 4-6 semanas máximo. Guárdalo en un lugar fresco, seco y cerrado.

Aburrimiento alimentario. Aunque los perros no necesitan variedad en su dieta como los humanos, algunos sí se cansan de comer exactamente lo mismo todos los días durante meses. Es más frecuente en razas inteligentes y activas que en otras.

Cambio brusco de pienso. Si has cambiado de marca o fórmula sin hacer una transición gradual (mezclando progresivamente durante 7-10 días), es posible que el perro rechace el nuevo pienso por diferencias en sabor, textura u olor. La transición siempre debe ser progresiva: empieza con un 75% del pienso antiguo y un 25% del nuevo, y ve ajustando la proporción a lo largo de una semana.

La calidad del pienso importa. Un pienso de baja calidad, con mucho cereal de relleno, saborizantes artificiales y poca proteína animal real, puede resultar poco apetecible para algunos perros. Si tu perro come un pienso para perro adulto de buena calidad y aún así lo rechaza, el problema probablemente no es el pienso en sí.

4. Calor excesivo

En España, esta es una causa especialmente relevante. Durante los meses de verano, con temperaturas que superan los 35-40 grados en muchas zonas, es absolutamente normal que los perros coman menos. Es un mecanismo fisiológico: la digestión genera calor corporal, y el organismo del perro reduce la ingesta para evitar el sobrecalentamiento.

Los perros no sudan como nosotros (solo regulan la temperatura a través del jadeo y las almohadillas de las patas), lo que hace que sean especialmente sensibles al calor. Las razas braquicéfalas (Bulldog, Pug, Boxer) y las de pelaje denso (Husky, Pastor Alemán, Golden Retriever) son las que más acusan la reducción de apetito por calor.

Qué hacer en verano:

  • Ofrece la comida en las horas más frescas: primera hora de la mañana y última de la tarde
  • Asegúrate de que siempre tenga agua fresca disponible; una fuente de agua para perros puede animarle a beber más
  • Puedes humedecer ligeramente el pienso con agua fría para hacerlo más refrescante
  • No te alarmes si come un 20-30% menos de lo habitual; es normal
  • Si la inapetencia es severa y prolongada, consulta igualmente al veterinario para descartar un golpe de calor

5. Exceso de premios y snacks entre horas

Esta es una causa mucho más frecuente de lo que la gente admite. Si tu perro recibe galletas, trozos de jamón, queso, premios de entrenamiento, huesos masticables y algún que otro bocado de tu plato a lo largo del día, es perfectamente lógico que cuando llegue la hora de la comida no tenga hambre.

Los premios tienen muchas más calorías de las que pensamos. Un solo hueso dental de tamaño mediano puede suponer el 15-20% de las necesidades calóricas diarias de un perro de 10 kg. Si a eso le sumas dos o tres galletas, un trozo de queso como premio y algo de comida de mesa, tu perro puede estar cubriendo gran parte de su necesidad energética antes de que le pongas el comedero.

La regla del 90/10: los premios y snacks no deberían suponer más del 10% de la ingesta calórica diaria de tu perro. El otro 90% debe venir de su alimentación completa y equilibrada (pienso o comida húmeda formulada para perros).

Si usas snacks naturales para perros como premio de entrenamiento, están bien como complemento, pero hay que contabilizarlos. Y si estás en una fase de entrenamiento intensivo donde necesitas dar muchos premios, reduce ligeramente la ración de pienso para compensar.

Otro problema habitual: el perro ha aprendido que si rechaza el pienso, tarde o temprano le ofrecerán algo mejor (comida de mesa, comida húmeda, premios). Se convierte en un comedor selectivo que manipula la situación a su favor. Es un hábito aprendido y puede corregirse, pero requiere constancia.

6. Cambios hormonales

Las hormonas juegan un papel importante en la regulación del apetito canino, y hay varias situaciones hormonales que pueden causar inapetencia temporal.

Celo en hembras: durante el periodo de celo (proestro y estro), muchas perras reducen significativamente su ingesta o dejan de comer por completo durante varios días. Es un comportamiento normal causado por los altos niveles de estrógenos. Una vez finalizado el celo, el apetito vuelve a la normalidad. Si la perra está esterilizada, esta causa queda descartada.

Machos cerca de hembras en celo: los machos enteros pueden perder completamente el apetito cuando detectan una hembra en celo en las inmediaciones. El instinto reproductivo anula el interés por la comida. Si tu perro macho deja de comer repentinamente y está muy inquieto, es posible que haya una perra en celo en el vecindario.

Embarazo y lactancia: las perras gestantes pueden experimentar una reducción del apetito en las primeras semanas de embarazo (algo similar a las náuseas matutinas en humanos). En las últimas semanas y durante la lactancia, por el contrario, las necesidades calóricas aumentan enormemente.

Pseudogestación (embarazo psicológico): algunas perras no esterilizadas desarrollan un embarazo psicológico tras el celo, con síntomas que incluyen pérdida de apetito, anidación, producción de leche e incluso adopción de objetos como “cachorros”. Es más frecuente de lo que se piensa y, aunque no suele requerir tratamiento, conviene que el veterinario lo supervise.

7. Medicación y vacunas recientes

Muchos medicamentos tienen la pérdida de apetito como efecto secundario. Los más comunes incluyen:

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): como el meloxicam o el carprofeno, muy usados para dolor articular y postoperatorios. Pueden causar molestias gástricas que reducen el apetito.
  • Antibióticos: especialmente los de amplio espectro, que alteran la flora intestinal y pueden causar náuseas.
  • Quimioterápicos: la quimioterapia en perros causa inapetencia frecuentemente, al igual que en humanos.
  • Antiparasitarios internos: algunos desparasitantes internos pueden causar malestar digestivo leve durante 24-48 horas.
  • Anticonvulsivantes: el fenobarbital y otros antiepilépticos pueden afectar al apetito, especialmente al inicio del tratamiento.

Las vacunas también pueden causar inapetencia transitoria. Es completamente normal que un perro no coma bien durante las 24-48 horas posteriores a una vacunación. Es una respuesta inmunitaria normal y no requiere tratamiento salvo que se prolongue o vaya acompañada de síntomas severos (reacción alérgica, hinchazón facial, dificultad respiratoria).

Si sospechas que un medicamento está causando la inapetencia de tu perro, nunca dejes de administrarlo por tu cuenta sin consultar antes al veterinario. El profesional valorará si es posible cambiar de fármaco, ajustar la dosis o tomar medidas para proteger el estómago.

Cómo hacer que tu perro vuelva a comer: soluciones prácticas

Una vez identificada la causa (o al menos descartadas las más graves), puedes poner en práctica estos consejos según la situación:

Si el problema es de salud: la única solución es el veterinario. No intentes remedios caseros para problemas médicos. Un diagnóstico correcto es el primer paso para que tu perro recupere el apetito.

Si el problema es estrés: dale tiempo y espacio. Mantén sus rutinas lo más estables posible, no le fuerces a comer, y ofrécele la comida en un lugar tranquilo donde se sienta seguro. Los juguetes de estimulación mental pueden ayudar a reducir la ansiedad general y redirigir su atención.

Si el problema es el pienso: asegúrate de que no está caducado ni rancio. Si necesitas cambiar de marca, hazlo de forma gradual durante 7-10 días. Y no caigas en la trampa de cambiar cada semana buscando “el pienso que le guste”: eso solo crea un comedor más caprichoso.

Si el problema es el calor: adapta los horarios de comida, asegura buena hidratación y acepta que en verano es normal que coma algo menos. No compenses con premios o comida de mesa.

Si el problema son los premios excesivos: reduce drásticamente los extras y mantén horarios fijos de comida. Si rechaza el pienso, retira el comedero después de 15-20 minutos y no ofrezcas nada más hasta la siguiente comida. Un perro sano no se dejará morir de hambre: cuando tenga suficiente hambre, comerá.

Si el problema es hormonal: generalmente es temporal y se resuelve solo. Consulta al veterinario si quieres valorar la esterilización como solución a largo plazo.

Si el problema es la medicación: habla con tu veterinario sobre posibles alternativas o medidas para minimizar los efectos secundarios gástricos (dar la medicación con algo de comida, protectores gástricos, etc.).

Trucos para hacer el pienso más apetecible

Si tu perro está sano y simplemente necesita un empujón para volver a comer con ganas, estos trucos pueden marcar la diferencia:

Añade caldo de pollo o ternera casero. Debe ser sin sal, sin cebolla ni ajo (recuerda que son tóxicos para perros). Cuece pollo o ternera en agua sin condimentar, deja enfriar el caldo y viértelo sobre el pienso. El aroma hace el pienso mucho más atractivo. Puedes preparar una cantidad y congelar en cubiteras para tener siempre a mano.

Mezcla una cucharada de comida húmeda. La comida húmeda para perros tiene un aroma mucho más intenso que el pienso seco y suele ser irresistible. No hace falta echar mucha: una cucharada sopera mezclada con el pienso ya cambia completamente el olor y el sabor del plato. No conviertas esto en algo permanente si quieres que siga comiendo pienso solo; úsalo como herramienta puntual.

Calienta ligeramente la comida. Meter el pienso (con un poco de agua o caldo) en el microondas durante 10-15 segundos intensifica los aromas y lo hace más apetecible. Comprueba siempre la temperatura antes de ofrecerlo para evitar quemaduras. Esta técnica funciona especialmente bien con perros senior que pueden haber perdido algo de olfato.

Usa un comedero interactivo. A algunos perros, comer de un cuenco plano les resulta aburrido. Servir la comida en un comedero lento o en una alfombra olfativa convierte la hora de comer en un juego que estimula su instinto natural de búsqueda. Esto es especialmente eficaz en razas inteligentes y activas.

Añade un topping saludable. Un huevo cocido troceado, un poco de calabaza cocida (sin sal), unas sardinas en aceite de oliva escurridas o un chorrito de aceite de salmón sobre el pienso pueden hacer que un plato aburrido se convierta en un festín. Recuerda contabilizar estas calorías extra en la ración diaria.

Cambia la textura. Si le das pienso seco, prueba a remojarlo con agua templada durante 5-10 minutos hasta que se ablande un poco. Algunos perros prefieren esta textura, y además facilita la digestión. En perros con problemas dentales, el pienso remojado puede ser la diferencia entre comer y no comer.

Alimentación a mano. En casos de convalecencia o estrés agudo, ofrecer la comida directamente de tu mano puede ayudar. El contacto con el dueño genera confianza y reduce la ansiedad. No es algo que debas convertir en hábito, pero como herramienta puntual funciona.

¿Cuándo acudir al veterinario?

Aunque la mayoría de los casos de inapetencia son benignos y temporales, hay situaciones en las que debes acudir al veterinario sin demora:

  • El perro no come ni bebe durante más de 24 horas. La deshidratación es más peligrosa que el ayuno.
  • Vómitos repetidos, especialmente si son con sangre o tienen un aspecto oscuro (como posos de café).
  • Diarrea con sangre o muy líquida que persiste más de unas horas.
  • Abdomen hinchado y duro, especialmente en razas grandes y profundas de pecho. Puede ser una torsión gástrica, una emergencia veterinaria que puede ser mortal en cuestión de horas.
  • Letargia extrema: el perro no quiere moverse, no responde a estímulos, está apático.
  • Encías pálidas, blancas o amarillentas (lo normal es un rosa suave).
  • Fiebre: la temperatura normal de un perro está entre 38 y 39,2 grados. Por encima de 39,5 es fiebre.
  • Dificultad para respirar, jadeo excesivo sin motivo aparente.
  • Sospecha de ingestión de un cuerpo extraño (juguete, calcetín, hueso, piedra) o de una sustancia tóxica.
  • El perro es un cachorro menor de 6 meses y lleva más de 12 horas sin comer.
  • Pérdida de peso rápida y visible en las últimas semanas.

En estos casos, no esperes a ver si mejora solo. Un diagnóstico temprano puede ser la diferencia entre un tratamiento sencillo y una emergencia complicada.

Errores comunes al intentar que tu perro coma

Cuando vemos que nuestro perro no come, el instinto nos empuja a hacer lo que sea para que coma algo. Pero algunos de estos impulsos bienintencionados pueden empeorar la situación o crear problemas a largo plazo.

Forzar al perro a comer. Abrirle la boca e introducir comida, o mojarle el hocico con caldo para que se lama, son prácticas que generan estrés y rechazo. Un perro que asocia la hora de comer con una experiencia desagradable acabará evitando la comida con más razón. La alimentación forzada solo debe hacerse bajo supervisión veterinaria en casos médicos específicos.

Cambiar de pienso constantemente. Si tu perro rechaza el pienso y tú le ofreces inmediatamente otra cosa, estás enseñándole que si espera lo suficiente, obtendrá algo mejor. Esto crea un perro que rechaza estratégicamente su comida. Si el pienso es de buena calidad y está en buen estado, mantén la rutina: ofrece, espera 15-20 minutos, retira si no come, y vuelve a ofrecer en la siguiente comida programada.

Dar comida de mesa como sustituto. Ofrecerle restos de tu comida cuando no quiere pienso tiene dos problemas: le confirmas que hay alternativas mejores si espera (creando un comedor selectivo), y la comida humana no está formulada para cubrir las necesidades nutricionales de un perro. Además, muchos condimentos y preparaciones que usamos son poco saludables o directamente peligrosos para ellos.

Dejar el comedero lleno todo el día. La alimentación libre (ad libitum) hace imposible saber cuánto está comiendo realmente tu perro y no genera las señales de hambre naturales que regulan el apetito. Es mucho mejor establecer dos comidas al día a horarios fijos (tres en cachorros). Pon la comida, dale 15-20 minutos y retira lo que no haya comido. Esto crea un patrón de hambre-saciedad saludable.

Humanizar la situación. Los perros no se aburren de la comida como nosotros, no necesitan variedad gastronómica, y no dejan de comer por “capricho” en el sentido humano de la palabra. Proyectar nuestras emociones sobre la comida en nuestro perro nos lleva a tomar decisiones incorrectas. Si tu perro está sano, activo y en su peso, una comida rechazada no es un drama.

Ignorar señales de dolor. A veces interpretamos como “capricho” lo que en realidad es dolor. Los perros son expertos en ocultar el dolor (un instinto evolutivo para no mostrarse vulnerables). Si tu perro normalmente come bien y de repente deja de hacerlo, no asumas automáticamente que es selectivo o caprichoso. Observa si hay otros cambios sutiles: se mueve menos, duerme más, evita que le toquen alguna zona, cambia su postura al comer.

No llevar un registro. Si tu perro tiene episodios recurrentes de inapetencia, lleva un diario sencillo: fecha, qué comió (o no), qué premios recibió, si hizo ejercicio, temperatura ambiente, cualquier evento inusual. Esta información es oro para el veterinario a la hora de identificar patrones y llegar a un diagnóstico.


La inapetencia en perros es un tema que genera mucha ansiedad en los dueños, pero en la gran mayoría de los casos tiene una causa identificable y una solución relativamente sencilla. Lo fundamental es observar a tu perro como un todo (no solo su comedero), descartar problemas médicos cuando la situación lo requiera, y mantener hábitos alimentarios consistentes que favorezcan un apetito sano.

Si tu perro lleva tiempo comiendo menos de lo habitual o has notado un cambio repentino en su relación con la comida, el veterinario siempre es tu mejor aliado. Un chequeo general con analítica básica descarta las causas médicas más comunes y te da la tranquilidad de saber que puedes abordar el problema desde el comportamiento o la alimentación sin preocuparte por su salud.

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Preguntas frecuentes

4 preguntas sobre mi perro no quiere comer: causas y soluciones

¿Cuánto tiempo puede estar un perro sin comer?
Un perro adulto sano puede aguantar 3-5 días sin comer sin riesgo vital, aunque no es recomendable esperar tanto. Si tu perro lleva más de 24-48 horas sin comer y muestra otros síntomas (letargia, vómitos, diarrea), acude al veterinario. Los cachorros y perros pequeños son más vulnerables y no deberían pasar más de 12-24 horas sin comer.
¿Es normal que un perro deje de comer un día?
Sí, es relativamente normal. Los perros pueden saltarse una comida o incluso un día entero por múltiples razones no preocupantes: calor, estrés puntual, cansancio después de mucho ejercicio, o simplemente porque no tienen hambre. Si al día siguiente come con normalidad y su comportamiento es normal, no hay motivo de alarma.
¿Debo cambiar de pienso si mi perro no come?
No inmediatamente. Si cambias de pienso cada vez que tu perro lo rechaza, puedes crear un comedor caprichoso que espera algo mejor. Primero descarta causas médicas con tu veterinario. Si el pienso es de buena calidad y adecuado a su edad y tamaño, prueba a añadir un topping (caldo de pollo sin sal, una cucharada de comida húmeda) antes de cambiar completamente.
¿Mi perro no come pero sí toma agua, es grave?
Un perro que bebe pero no come durante 24-48 horas probablemente no tiene una urgencia inmediata, pero debe vigilarse. Si además de no comer muestra letargia, vómitos, diarrea, o bebe cantidades excesivas de agua, consulta al veterinario. El hecho de que beba agua es buena señal de que no está completamente decaído.

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